San Pablo

Saulo de Tarso, judío
y ciudadano romano,
de la escuela Gamaliel,
estudioso destacado.

Conocía muy a fondo
las sagradas escrituras
y cumplía sus preceptos,
fariseo hasta las últimas.

No entendía al Nazareno,
que predicaba el perdón,
que curaba en día sábado
y llamaba padre a Dios

Persiguió a los cristianos
con mucha saña y pasión,
apresaba y torturaba,
hasta que Dios lo llamó.


En el camino a Damasco
un rayo de luz lo ciega,
lo derriba del caballo
y una voz se le presenta:
 
-¡Saulo, Saulo! - la voz dice.
-¿Tú quién eres? Dime quién.
-Soy Jesús, quien tú persigues,
te diré lo que has de hacer.


El Espíritu le enseña
que Dios es misericordia,
que su amor todo lo llena,
y la gracia lo transforma.

Nace Pablo, un hombre nuevo,
enamorado de Cristo,
cuya fe mucho le apremia
y le hace su testigo.


Las palizas y naufragios
no amedrentaron su fe,
ni la cárcel, ni conjuras,
a todo pudo vencer.

Apóstol de los gentiles,
nadie lo hizo callar,
predicó el evangelio
a toda gente y lugar.

Sus escritos están llenos
de esperanza y de alegría
son el mensaje de Dios
que nos da la nueva vida.

Pablo en todas partes dio
testimonio fiel de Cristo
hasta que por fin en Roma
es llevado hasta el martirio.