Los errores

¡Qué pobre es el hombre,
qué pobre es su ser,
qué errores comete
una y otra vez!

Se cree muy listo
que a todo somete,
pero con sí mismo
qué errores comete.

De nada nos sirve
la triste experiencia,
si hacemos lo mismo,
qué rabia y vergüenza.

Si son decisiones
que se han meditado,
y en vez de hacer bien
se opta hacer daño.

Apenas ya hecho
y todo cumplido
caemos en cuenta
de error cometido.

El tiempo no tiene
la marcha hacia atrás,
aquello que has hecho
no puedes borrar.

Y luego pretendes
justificación
culpando a los otros
de tu decisión.

No sirve de nada
después lamentarlo,
pues ya es muy difícil
reparar el daño.

¡Y cómo con ello
se arruina tu vida!
¡Qué cara se paga
la opción indebida!

¡Qué amargo resulta
sentir cada día
muchas consecuencias
que de ello derivan!

Perdemos la fama,
perdemos la guerra,
amigos que fueron
ya no nos respetan.

¡Y cuánto nos cuesta
el reconocer
que aquello que se hizo
no se debió hacer!

Si somos capaces
de mucho pensar,
¿Por qué decidimos
y hacemos el mal?

¡Qué mal consejeras
son nuestras pasiones,
que sólo nos causan
equivocaciones!

La ira, soberbia,
lujuria, avaricia
la gula, pereza,
la pérfida envidia.

Metidos en ellas
ni vemos, ni oímos,

y de esa manera
nos pegan el timo.

Pues son las pasiones
malas consejeras
tú no dejes que ellas
manejen tus riendas.

Errores ajenos
también has de ver
y los que te acusan
los tienen por cien.
 
Pero esos a ti
no te justifican,
asume los tuyos
con más hidalguía.

Si nadie te acusa
no seas mezquino,
disculpa a los otros,
que tú haces lo mismo.

Y sé generoso
en el perdonar,
si tú no lo haces
tampoco lo harán.