El afilador

Tiroriroriiiiiiiií...
tiroriroró.

Alegre silbido
se oye en la calle,
los niños lo buscan
queriendo enterarse
quién es ese hombre
que música hace,
y qué bicicleta
tan rara que trae
soportes y ruedas
de piedra que salen,
camina con ella,
se para un instante
y toca su chiflo,
pregona en la calle:

¡El afilador...!
¡Se afilan cuchillos,
navajas, tijeras...!

Se para a la sombra
de los soportales,
cuchillos, tijeras
y hachas le traen,
transforma su bici,
la rueda en el aire,
coloca la cinta
y da los pedales,
la piedra da vueltas,
comienza este baile.
La hoja de acero
resuena al instante,
sonidos que son
notas musicales
y rayos de chispas
se lanzan al aire.
Los hierros muy viejos
se vuelven brillantes
igual que de nuevos,
con filo cortante.
Por unas monedas
trabajo bien hace,
recoge su bici
y marcha a otra parte.
Charcos y barro
De adobes rojizas
las casas hicieron,
sus calles tenía
de tierra mi pueblo
que cuando llovía
y todo el invierno
por ellas corría
el agua en silencio.
pasaban los carros
quedando en el suelo

en charcos y barro
marcado el trayecto.
Cercano a la escuela
pasaba un reguero
en el que jugaban
los niños pequeños
haciendo represas,
cerrándolo entero,
formaban pantanos,
se harán ingenieros.